Viaje 1: Conocernos, un viaje de ida

 El primer viaje fue corto. Sin embargo, ese viaje fue  *el viaje*, fue el momento en el que me encontré con  el que sería el amor de mi vida.

Y, sin ese viaje, no hubieran existido los otros viajes.

Fue de San Lorenzo a Rosario, específicamente hasta el Puente Rosario-Victoria, abajo.

El encuentro fue acordado para las diecisiete horas, pero llegué unos minutos antes y lo vi pasar, sabiendo de antemano la patente, que él me dijo, para que yo no sospeche que podía *secuestrarme* (perdón que uso * en lugar de comillas, teclado nuevo, y no las encuentro), ya que nos conectamos a través de una red social. Pero, al final, no fue secuestro, fue un robo! (me refiero al corazón, claro). Se pasó de largo y lo mensajeé y fui a buscarlo para traerlo hasta donde íbamos a tomar nuestros primeros mates.

Así fue como ese viaje originó el resto de los viajes.

Veníamos de historias diferentes pero el punto de encuentro era la posibilidad de coincidir en tantas cosas que, en ese momento, no podíamos ni siquiera imaginar. Ni hablar de la posibilidad de ser felices.

De ahí en más, todo fue nuevo: vivir colores y matices para construir nuestra propia historia. Planificar, aventurarse, conocernos y, sobre todo, amarnos con alegría.









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