Viaje 3: Mendoza y una nevada que se hizo esperar 4 años (segunda parte)
Después de recorrer el
centro, la peatonal y sacarnos hermosas fotos junto a la fuente de la plaza,
que para la ocasión tenía sus aguas teñidas de azul, fuimos al punto de
información turística para buscar asesoramiento de alojamiento BBB (bueno bonito
y barato). Estaba a full la ciudad, así que tomamos la sugerencia y nos
dirigimos hacia allá.
Era BBB hasta que nos
bañamos, Después de bañarnos fue B (barato), jajaja, ya que se pasaba el agua
hacia la habitación, así que, uno de bañaba, y el otro secaba y viceversa.
El auto quedaba en la
vereda (literal, no en la calle). A la noche hubo viento y una rama cayó sobre
el techo y nos despertó la alarma, Pero no fue nada, sólo un abolloncito.
Lo mejor es que
estábamos muy cerca de lindos lugares para cenar y los mejores bares para beber
riquísimos tragos de autor.
La ruta 7 hasta el
Cristo y el cruce a Chile, es realmente maravillosa, plagada de curvas,
colores, nieve en los picos, y la compañía verde esmeralda del Río Mendoza.
Magnífico el Puente del
Inca, con sus colores cálidos donde uno empieza a imaginar el recorrido del
inca, desde Perú y el aprovechamiento de las aguas termales a través del
tiempo.
Lo más alto a lo que
pudimos ascender, en ese momento, debido al clima, fue hasta Las Cuevas, ya que
había mucha nieve en el cruce y en el Cristo Redentor. Habíamos alquilado en
forma preventiva las cadenas para las ruedas pero no hubo necesidad de
utilizarlas por donde transitamos y sl cruce no pudimos ir.
Así que tuvimos que
hacer nuestra guerrita de nieve en Las Cuevas, no quedó otra.
Cuando regresábamos,
paramos en Uspallata para poder recorrer y para visitar Las Bóvedas. Tengo que
decir, que la historia de Las Bóvedas es interesantes y que hicimos un tremendo
esfuerzo de concentración para atender a la guía, ya que el lugar no sólo cumplía
la función de tratar los minerales extraídos, sino que, produjeron plomo y
plata de vital importancia para el Ejército de Granaderos a Caballo del General
San Martín, pero no pudimos. Entre la guía, que explicaba realmente bien, y un
turista que, al parecer sabía más que la guía y argumentaba su propia
explicación a su hijo, la verdad que la tentación de risa se apoderó de
nosotros. No sé si fue eso o alguna otra cosa que no recuerdo, pero no podíamos
parar, llorábamos de risa y, tuvimos que retirarnos, por respeto.
Pero lo mejor de lo
mejor, pasaría a la noche, cuando estábamos cenando en un restaurante y,
comenzó a nevar! Hacía cuatro años que
no nevaba en la ciudad. Todos abandonamos las mesas para ir afuera, a disfrutar
de ese bello espectáculo.
Al día siguiente, la
plaza San Martín amaneció cubierta de nieve y seguía nevando. Creo que de más
está aclarar que allí sí pudimos hacer tremenda guerrita de nieve.
Finalmente, con el
sol característico de Cuyo, pudimos
visitar localidades vecinas y una bodega con mucha historia y una hermosa
impronta artística, pasando por acequias y pequeños y pintorescos molinos que
iban haciendo correr el agua por las orillas de las calles bellas de Mendoza.

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