Viaje 4: Primera aventura de cumpleaños. (segunda parte)

 

Nos hospedamos en un hotel en pleno centro, muuuuuuuuyyyyyy barato, eran sólo dos noches, pero era un poquito de terror, jaja! Las cortinas no llegaban a tapar las ventanas, pero la ducha estaba bien. Y el lugar era inmejorable (pleno centro).

Habíamos escuchado que, en Las Grutas, Río Negro, se recibía de manera divertida la llegada del nuevo año, así que terminamos de festejar el cumple de Dome y comenzamos a festejar el mío pero el 31 ya partíamos hacia Las Grutas.

Viajeros primerizos: hicimos muy mal los cálculos. Cuando revisamos vimos que estábamos muy alejados como para llegar, buscar hospedaje y celebrar Año Nuevo, y, al preguntar, nos explicaron que *ni a gancho* llegábamos ya que además, eran las 10,30 hs.

Cambio de planes, pasaríamos por Viedma, que era lo que más cerca nos quedaba de paso, y podríamos conseguir hospedarnos.

Cuando llegamos, fuimos a comer algo y a empezar a llamar para buscar hospedajes y lugares donde cenar ese 31. Hospedajes había, lugar para cenar y recibir el año nuevo, no.

Entonces, como algo que ya se convirtió en nuestra marca registrada, improvisamos. Comenzamos a googlear y a llamar a lugares cercanos sin saber nada, pero creo y agradezco, que tenemos una buena estrella, porque dimos con El Cóndor, un paraje a 30 km de Viedma, donde el Río Negro desemboca en el Mar Argentino. Un sorpresa maravillosa descubrir, casi por casualidad, ese lugar mágico, donde nos hospedamos exactamente frente al mar y cenaríamos en el restaurante del hotel, que además, tenía un Casino.

Primero, lo primero: ir al mar. Pero luego, caminar por esas calles pequeñas, de arena y con casa pintorescas y cálidas.

A la noche, ese 31, compartimos la cena, por primera vez, la víspera del año nuevo con todos desconocidos y lo pasamos tranquilos, para nosotros, que nos gustan las luces y el baile, eso no hubo, así que tranqui. Después de saludarnos con los de allí, y con los nuestros, allá a lo lejos, con dos latitas de cerveza, nos fuimos a la orilla del mar, entre música y risas que provenían de diferentes grupos de gente y pequeños fogones.

Al día siguiente partimos, ahora sí, hacia Las Grutas. La dueña del hotel, nos recomendó un camino costero, de ripios, la Ruta de los Acantilados, o ruta provincial 1. Como la descripción era atractiva, por allí fuimos.

Y la verdad es que no nos decepcionó. Pudimos conocer parajes interesantes, como La Lobería, Bahía Rosas, Bahía Creek y Caleta de los Loros.

Nos contaron que, debajo de las piedras, buscaban pulpos, los típicos de esta zona, que eran muy pequeños. Allí vimos cómo los buscaban e iban recolectando para consumo familiar.

Cuando pasábamos por Bahía Creek nos sorprendió ver algunos hombre equipados con importantes cañas y equipos de vestimenta para pescar, me refiero a botas y pantalones impermeables, pero estaban muy lejos del mar. No entendíamos nada, Entonces Dome quiso bajar a preguntar ya que no es bueno quedarse con las dudas, no?

Nos enteramos que pescaban tiburones y que, cuando la marea bajaba, iban a colocar la carnada adentro del mar y, se sacaba la presa cuando la marea subía.

Seguimos nuestra ruta y, de repente, nos encontramos entre médanos y estepa, un paisaje bastante desértico, pero sobre todo, un poco peligroso ya que puede pasar que, si te desvías un poco, quedes encajado en la arena. Nos pasó, nuestro auto es pequeño, y tuvimos la suerte que, con algunas maniobras, pudimos volver a la ruta. Si este autito hablaraaaaaa.

Llegamos a Las Grutas y tengo que hacer un alto porque creo que no conté nada acerca de que nuestro presupuesto siempre es un poco ajustado, por lo que tenemos que evaluar bien dónde nos hospedamos, si no, no nos dan los números. Dicho ésto, vimos que los hospedajes eran un poco costosos, se hacía tarde y no encontrábamos lugares acordes a nuestros bolsillos. Y acá, no se si hará falta explicar, pero somos de hablar y preguntar mucho a la gente, a los habitantes del lugar, para que nos oriente. Y eso funciona, siempre. Uno nos mandó con otro, otros con aquel, aquel con ése y ése, que nos dijo *síganme en su auto que los voy a llevar a la casa de un amigo que tiene lugares para hospedarlos*. Entonces empezamos a seguir a ése que nos fue llevando, alejándonos del centro, mientras nos preguntábamos dónde nos llevaría y Dome pensando qué estamos haciendo (él es un poco desconfiado). Así llegamos a la casa de Ricardo, un divino! Nos alquiló un departamento por dos noches, y lo encontramos terminando de instalar unos mubles, a lo que Dome lo ayudó.

Me resulta raro hablar de Las Grutas. Es una localidad hermosa, pequeña, con una costanera y un centro preciosos. La corriente marina sigue siendo cálida, como en Monte Hermoso, pero la playa queda muy angosta cuando sube la marea (casi nada de playa). No se enojen los fanáticos de Las Grutas, es una mínima apreciación, ya que las playas nos encantaron, tal vez fue porque veníamos de Monte, donde las playas eran muy anchas.

San Antonio Oeste, un lugar para conocer, también. Nos tocó viento, y ustedes saben, cómo quedan los cabellos con mar, viento y sol: incontrolables. Yo trataba de tenerlo recogido, con las clásicas trenzas a lo Frida, pero Dome, con su cabello apenas largo, se llevó una vincha de tela. Cuando volvíamos, paramos a cargar combustible y observo su peinado....Gokú, no existís!!!!!! Me agarró un ataqué de risa incontrolable, tanto así, que le tuve que explicar a la cgica del shop de que me reía, para reírnos juntas.

En las playas de San Antonio Oeste nació la vocación de mi amore, en ese entonces novio, ahora marido (ya les contaré de esa locura total, también), de atraer a las gaviotas, y de su anhelo de que ellas, coman de sus manos. Todavía no lo logró, pero seguirá intentándolo este tenaz *domador de gaviotas*.

Después de dos días en Las Grutas, decidimos conocer una playa que, habíamos leído por ahí, que era muy bella: Playas Doradas.

Playas Doradas, es un paraje de playa perteneciente a Sierra Grande, en Río Negro.

Llegamos a la tarde y estaba muy ventoso y fresco.  Fuimos a matear a la playa, que era interminable, hicimos una caminata, y el ^domador^ hizo otros intentos de acercamiento con las gaviotas. Hubo avances, pero seguía sin lograrlo, tal vez porque el viento volaba hasta las ideas.

Conseguimos donde hospedarnos y, otra vez a caminar por ese poblado con unas vistas al mar tan inmenso y azul que te dejaba perplejo. Notamos que, siendo 3 de enero, el sol dejó de verse a las 21,30 hs. Y a oscurecer hacia las 22 horas. Un lugar bellísimo que nos sorprendió al día siguiente ya que amaneció brillante de sol, sin una nube, inmejorable.

Palabras a parte para la extensión de esas playas y los vestigios dorados que sus arenas dejan el el agua, dándole el nombre al lugar.

Sólo teníamos un rato

 

Porque debíamos emprender el regreso. Sabíamos que íbamos a volver.

Paramos a dormir en Río Colorado, en el mismo lugar del inicio del viaje ya que se nos hacía tarde para seguir porque nos quedamos a disfrutar la playa hasta pasado el mediodía.

Cuando finalmente regresábamos, hicimos un desvío para pasar por Sierra de la Ventana, nos intrigaba ese lugar. Almorzamos y ya debíamos volver, seguros de que era otro destino por el que volveríamos a pasar.







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