Viaje 6: El mar, cada vez más al sur.

 

Ya saben que, al llegar diciembre, nosotros nos vamos para festejar nuestros cumpleaños, año nuevo y la vida misma.

Esta vez, el primer lugar donde paramos fue Olavarría y, como siempre, vamos hablando con la gente y preguntarnos por dónde hospedarnos por una noche.

Entramos en un lugar y, como tantas veces, tentada de risa. El señor que nos atendió estaba sumamente acalorado. Salió a atendernos, con su ancho bigote, camisa a cuadros y, en lugar de contestar, sólo decía una y otra vez el calor que tenía, por lo que la comunicación poco fluida, nos obligó a buscar otro lugar.

Esa noche era víspera del cumple de Dome, así que fuimos a una cervecería donde tocaba un grupo de música y le dedicaron ^Nunca me abandones, cariñito^.

Así seguimos nuestro recorrido, pasando por Las Grutas, pero esta vez, Ricardo no tenía lugar y nos alojamos más en el centro.

De Las Grutas a Puerto Madryn, conocimos el famoso Doradillo pero sin ballenas ya que ellas emigran a principios de diciembre, lugar al que volveríamos años más tarde, ya les contaré.

En Madryn estábamos de paso, por lo que ese día teníamos que aprovechar ese mar azul, sin olas y con agua helada (ya saben el tema del agua y yo, tengo que zambullirmeeeee). Conseguimos hotel por una noche y corrimos al mar.

Ese día, el mar estaba invadido por enorme medusas que llegaban flotando, pero ya muertas, de altamar, no se sabe muy bien por qué fenómeno, según lo que nos explicó el guardavidas. Supuestamente, habían muerto masivamente en altamar y llegaban a la playa donde, al bajar la marea, se descomponían. Nos advirtieron no tocarlas, por las dudas que, en sus terminaciones, tuvieran algún veneno activo aún.

Nos fuimos metiendo al mar, esquivando las medusas, pero cuando a Dome le llegó el agua a la cintura, dijo, hasta acá llegoooo, temiendo un infarto, según sus propias palabras, por el contacto con el agua helada. Pero a mí, me encanta!

De Rawson a Playa Unión, nuestro próximo destino, es una distancia como ya narré, de Viedma a El Cóndor. Ambos parajes dependen, políticamente hablando, de las capitales provinciales.

Playa Unión, a diferencia de Madryn, tiene olas inmensas que rompen en una playa de piedras pequeñas, no de arena.

Estaba bastante fresco, pero esas olas...eran maravillosas, no se pueden evitar... Adentro!!! Bellísima experiencia y muy divertida pero...a mantener el equilibrio siempre...siempre que se pueda.

En Playa Unión recibimos el año nuevo. Otra vez, una experiencia hermosa, en un comedor junto al mar, viendo la luna y con una excelente comida y música.

Para el primero, nuestro último día en Chubut, conocimos Punta Tombo y los miles de pingüinos de Magallanes que habitan todos los años esa enorme reserva de fauna, donde conviven con otros animales autóctonos de la zona, como guanacos, choiques, peludos, cangrejos, gaviotas y otras aves típicas.

Al margen del recorrido, tengo que contar una anécdota muy graciosa. Mi amore, que es más inquieto que un niño, incurrió nuevamente en una travesura (como tantas, hay un montonazo).

Él quería tocar un pingüino, de hecho, ya tuve que llamarle la atención en el museo, que está antes de ingresar, donde me tocaba la espalda con una pata de pingüino que estaba en exposición.

Le advertí que los pingüinos, por más que eran super simpáticos, no se podían tocar, ya que están en su hábitat y tocarlos, puede causar que le transmitamos algo, o sólo nuestro aroma y haga que otros de la comunidad los desconozcan y bla bla bla, que ya habían explicado al ingresar.

Pero él, siempre intentaba tocarlos, acercarse y, lo único que se lo impedía, era el temor a algún picotazo, que podía ser, también. Cuando yo le decía que no los toque, él me contestaba ^qué, me están viendo?, hay cámaras?^. Cámaras no, pero puestos de vigilancia con prismáticos, sí. Apareció una guardaparques que le llamó tanto la atención, con los argumentos ya explicados, con un sermón extenso, hasta que él le dijo: Pero yo no los toqué. En fin, de sólo recordarlo, vuelve a darme risa pensar en la cara con la que quedó después de semejante reto. Igualmente, no los tocó por temor a los guardaparques y no por convencimiento, porque se fue la chica y me dijo ^ahhh...pero seguro que ellos sí los tocan^.

En el camino de regreso a nuestros hogares, pasamos para una noche de descanso en Bahía Blanca. Paramos en un hotel que luego llamaríamos ^Ell Hotel del Terror^.

En sus tiempos, debió ser precioso, boutique, ya que tenía rincones muy pintorescos. Pero ahora, desde las personas a cargo de la recepción hasta las habitaciones, algunas abandonadas y con las puertas abiertas, dejando a la vista un oscuridad absoluta, todo era mustio y sombrío. Nuestra habitación, con muebles vintage muy bellos. En un armario de madera y vidriado, se metió desnudo Dome, para asustarme cuando salí de bañarme y, en realidad, se quedó tan quietito, que tardé en encontrarlo, pensé que se había ido.

Corrimos las sábanas de la cama y había hormigas. No!, cómo íbamos a dormir? Primero fuimos a cenar, porque estábamos muy cansados, compraríamos un insecticida y veríamos qué pasaba.

El nuevo recepcionista que nos recibió, se ve que había cambiado por el horario, era muy parecido a Igor, el ayudante de Frankenstein, muy sobrio y educado, eso sí. Al subir a la habitación y prepararnos para la cama, las hormigas no estaban más. Qué pasó, nunca lo sabremos.








 

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