Viaje 7: Maravilloso Tucumán.
Mayo puede ser caluroso
en Tucumán, pero sobre todo, colorido y acogedor.
Cuando fuimos,
estuvimos con pantalones cortos y musculosa, y conocimos lugares hermosos,
además de la ciudad, paseos, plazas y casa histórica.
En primer lugar, fuimos
a hacer senderismo, una caminata a Puertas del Cielo en el cerro San Javier.
Nos comentaron que eran alrededor de 3,5 km de ascenso, aproximadamente, por lo
que ni agua habíamos llevado. Pero, por suerte, el recepcionista que estaba en
el inicio del recorrido, nos
advirtió3,5 que lleváramos agua ya que
el recorrido nos iba a llevar casi 4 hs y hacía mucho calor. Qué? 4 hs para
recorrer 3,5 km? No puede ser.
Pero sí, podía ser.
Comenzamos con mucho ímpetu, haciendo payasadas, sacando fotos. Pero...Cada vez
se iba haciendo más angosto, envolviéndonos con la vegetación de la yunga del
cerro San Javier.
Supuestamente, te
pueden decir, que es de dificultad media, pero hay que pensar que, en pocos km
estás subiendo 1.400 metros de altura, o sea, el camino es siempre muy empinado
y, el último tramo, por lo menos a mí, se me hizo muy complicado, además del
calor agobiante. Encima, al llegar a las Puertas del Cielo (ponele, jaja), un
terreno llano especialmente apto para
sentarse en el pasto y relajarse, ¡me empezó a correr un caballo! Así que ambos,
más otra pareja que estaba descansando cerca nuestro, sacamos energías de do
nde no teníamos para correr a salvo junto al camino. Ese camino era una ruta por
donde nos enteramos que pasaba un colectivo. ¡Y sí! Bajamos en colectivo que,
aún así, nos dejaba muy lejos de la entrada donde del sendero, donde habíamos
dejado el auto.
‘”Ah…noooo….yo no camino
más”, dije, y empezamos a “hacer dedo”. Por suerte, es un recorrido muy
transitado, así que un grupo de jóvenes nos subió a su camioneta y nos dejaron
justo en el estacionamiento.
Luego, quisimos conocer el
cerro San Javier a través de la ruta, ya que se hace cima a los 1800 metros,
donde hay una imagen de Cristo Bendicente, un lugar donde se agrupa la gente, a
tomar unos mates, a lo que fuimos nosotros, pero…”pasaron cosas”, como quien
dice. Dome se pudo a jugar con un perrito y se tumbó el termo. Así que chau
mate. Como no había mate, seguimos nuestro camino, para conocer otros lugares,
sin saber que íbamos a encontrar un lugar tan hermoso como Villa Nougués, que está a una altura de 1350 metros y tiene preciosas
residencias, una vegetación
tupida, caminos con intenso follaje y un entorno de árboles variados, que van
de palmeras a pinos y flores coloridas.
Como es muy zigzagueante,
pudimos ver desde un lugar cercano a la capilla, la fiesta de una reciente boda
que celebraban al aire libre. La capilla, llamada “Del Sagrado Corazón de Jesús”, merece la
observación y recorrido.
Realmente, se sentía
como estar en un cuento.
Tucumán es sorprendente
y siento que tendremos que volver, para disfrutar nuevamente de sus empanadas,
dentro de patios con aljibes y vinos de la
casa servidos en pingüinos. 🐧
Cuando fuimos a las Ruinas
de los Quilmes nos enamoramos de ese camino, lleno de precipicios y subidas
entre la yunga y la selva tucumana. Y, en una de esas curvas pronunciadas, “El
café de la curva”. No se puede pasar por allí, sin tomar un cafecito en ese
lugar.
Los Molles, Tafí del
Valle, lugares por los que estuvimos de paso pero nos envolvieron con sus
colores. Entonces…tendremos que volver sí o sí para dedicarles más tiempo y conocer
más.
Personalmente, me conmueve
mucho los lugares históricos, que nos cuentan el pasado y la vida de nuestros
pueblos originarios, los verdaderos dueños de la tierra. Así que disfruté mucho
el recorrido por las Ruinas de Quilmes y, recordaba las imágenes de muchos
artistas que han pasado y han grabado allí su música.



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