Viaje 8: Primer viaje al Noroeste, Salta y Jujuy. (segunda parte)
Todo el recorrido nos acompañó un cielo celeste y los
cerros de colores imponentes.
Otro camino para recorrer, con mucho cuidado, y sin
temor a los precipicios, es el de El Hornocal, en Humahuaca. Altura y curvas en
un camino muy angosto, no apto para gente con vértigo. Pero, a pesar de que
suelo apunarme a esas alturas, merece el esfuerzo porque el paisaje es de otro
mundo. Lo que se ve en las fotos no es exageración.
Todo es hermoso por esos lugares, desde las tortillas
y tamales en la calle, hasta las peñas y folklore que podés
escuchar en los bares céntricos y en los alejados del centro. También vas a ver
chicos y llamas, en los campos y por las calles.
Pero nuestros viajes no serían tan memorables sin las
aventuras que nos toca vivir.
La alucinante ruta 68, de Salta a Cafayate nos permitió
conocer un sistema de control de velocidad por el cual, al iniciar el camino,
nos pararon y dieron un papelito con la hora, creo que a la altura de
Talapampa, y debíamos mostrarlo al pasar por Alemania. Según la hora, iban a
saber la velocidad a la que habíamos conducido, si había exceso de velocidad o
no. Eso nunca lo habíamos visto.
Después, lo que ya sabrán porque es más popular, aunque
no por eso, menos sorprendente y maravilloso: Garganta del Diablo, Anfiteatro y
diferentes miradores en la Quebrada de las Conchas.
En Cafayate fuimos a conocer las Cuevas de Suri, una
excursión muy interesante a cargo de guías de la comunidad diaguita, de más
de 3600 años de residencia en la región. La posibilidad de que ellos mismos
describan y cuenten su historia es de gran valor ya que transmiten ese amor y
cuidado que en las explicaciones y en la protección del lugar, que fueron
asimilando a través de la herencia, de generación a generación.
Cuando fuimos a Cachi, pasó algo raro. Llegamos bien
temprano, apenas se estaba moviendo la gente del lugar, pero fue como que a
Dome, Cachi no le llegó. Él sintió que no había nada que hacer allí. Aclaro
que hay de todo y a mí me impactó diferente, pero yo ya conocía el lugar de
otro viaje que había hecho hacía algunos años. Supongo que algo le pasó ese
día ya que, después lo pensamos y nos planteamos volver en otra oportunidad porque
es un lugar precioso y seguramente lo podemos vivir de otra forma.
A mí me pasa también con muchos lugares, sin mucha
fundamentación, que me atrapan desde un principio y siempre tengo ganas de
volver. Y otros, son para conocer, disfrutar y ya está, no sé si volvería.
Lo cierto es que estuvimos poco en Cachi y, contra todas
las consultas que hicimos acerca si era conveniente seguir por la ruta 40 hasta
San Antonio de los Cobres en nuestro coche, que es un Fiat Palio, que de tres,
tres nos dijeron que no convenía ir por el horario y por las características
del camino, que es de ripios y por el que cruzan ríos que podían estar congelados….¡Adivinen!
Fuimos. Eran 145 km pero tardamos más de 4 hs en llegar.
Pasamos por La Poma y nos detuvimos en el Puente del
Diablo, frente a los campos de Piedra Pómez, entre los cerros de los valles calchaquíes.
Bajamos y caminamos en forma descendente un tramo, pero los celulares no tenían
señal y había un cartel que decía que sólo se hacía ese recorrido con guías.
Era abrumadora la imagen del río quebrando la montaña, generando pasajes asombrosos.
Pero no bajamos ya que era peligroso adentrarse en la montaña y con una bajada
tan en pendiente, y, obvio, sin guía.
Decidimos seguir viaje y, cuando cruzamos un vehículo, el
único, una camioneta, Dome lo consultó acerca del camino que restaba recorrer y
el conductor nos dijo que podíamos seguir, que lo tomemos como un rally de
aventuras.
¡Y llegó el cruce del río congelado! Así que no podía
apreciarse la profundidad, por lo que Dome se descalzó, fue probando e
indicándome por dónde cruzar.
Luego de eso, se ve que estábamos a una altura
considerables ya que nos empezó a doler la cabeza a ambos, así que fui a cargar
agua del río, que estaba congelado y nos tomamos unos analgésicos, mientras
observábamos las vicuñas que pastaban y paseaban.
Recorrimos San Antonio y volvimos a Salta, ahora sí, por
pavimento, por la ruta 51, llegando con la nafta justa, como corresponde, para
darle más emoción.


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