Viaje 13: Un paseo por la luna. (segunda parte)
El recorrido podría haber
seguido por esos rumbos, pero nuestro viaje tenía cierta organización,
respondiendo a tiempos y dinero, obviamente, que no nos permitió realizarlo en
esos momentos. Lo bueno de dejar algo inconcluso, en estos casos, al igual que
el juego para los niños, es que nos quedan las ganas intactas de retomar, de seguir,
de volver a jugar.
Desandando el camino de
Famatina, llegamos al centro de Chilecito, para emprender nuestro viaje a La
Rioja, capital. Había un problema con nuestro auto, se ve que, en algún exabrupto
de camino, algo quedó flojo, debajo, podía ser el caño de escape.
Al llegar a La Rioja,
comenzamos a buscar una fosa, para revisar el auto. Dome sabe bastante de autos,
y siempre hace los mantenimientos de nuestros autos, así que pensaba poder solucionarlo..
Y esto, es increíble, pero a la primera persona que consultamos, era sordomudo,
así que no pudimos obtener información. Pero luego, empezaron a orientarnos
sobre a dónde dirigirnos.
No encontramos al
mecánico, pero la mamá, muy amorosamente, lo dejó a Dome usar la fosa, y sí,
era el caño de escape, pudo solucionar el problema, y seguimos viajes.
Al día siguiente, camino a
Anillaco, conocimos lugares inolvidables, tanto de ida como de vuelta. Pasamos
por un pequeño pueblo llamado Chuquis, con calles angostas que llevan a cerros
y montañas en tres dimensiones.
En Anillaco, los viñedos y
comida tradicional, locro, humitas y empanadas, pero sin vino, porque el
recorrido continúa.
Al regresar, pudimos recorrer
el enorme lago artificial que se origina en el Dique del Río Los Sauces. Pero
adivinen: ¿Quiénes no encontraban la salida de un simple dique después de dos vueltas
por el lago? ¡Siiiiiii! Dos veces erramos el camino, y la segunda vez,
empezamos a subir un camino de montaña pero, por suerte, encontramos gente que
nos hizo bajar y tomar el camino correcto.
De La Rioja, nos fuimos a
San Fernando del Valle, a Catamarca, una hermosa ciudad que, por donde se mire,
se ve rodeada de cadenas montañosas de diferentes características.
La ciudad es antigua,
llena de detalles que remiten a su historia. Siempre disfrutamos al recorrer
lugares donde dejaron su huella los pueblos originarios, y allí, hay un lugar
donde, subiendo, llegamos a unas ruinas del pueblo calchaquí, con pircas precarias y rastros de esos antepasados. Cuando íbamos a subir, nos informaron que justo había una guía acompañando a un grupo
de turistas y, aunque el lugar no es grande, no los encontramos nunca, ni
escuchamos voces, e hicimos el recorrido solos, aunque creo que nos pasamos de
largo del camino, porque no terminaba nunca y no nos cruzábamos con nadie, pero
tuvimos una hermosa vista del valle.
Realizamos una vuelta
que pasa por La Puerta y el Dique Pirquitas y otros pueblos, como Fray Mamerto
Esquiú, donde compramos cosas ricas y la dueña de uno de los negocios, nos obsequió
una cinta de la Virgen del Valle, que aún llevamos atada en el espejo del auto
de Dome y de nuestros corazones, ya que todos esos lugares nos han cautivado.
Habíamos tenido la
idea, de pasar de La Rioja a Fiambalá, pero quedó para un próximo viaje, que
también sería increíble.




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