Viaje 15: Siempre se vuelve al mar.

 

En éste, nuestro cuarto viaje al mar, conocimos Pehuén Có y nuestro corazón se dividía entre Balneario Reta y Pehuén.

El mar siempre me fascinó: me hipnotiza, me alegra y, entre mis sueños, estaba el de un día ir  vivir al mar. Tiene que ver con épocas de mi vida en los que pensé en otros principios posibles. Siempre trabajé mucho, y muchas horas fuera de casa, y pensaba en “quemar las naves” en algún momento e irme al mar.

Y llegó a mi vida el amor, un compañero de aventuras y sueños insuperable.

Pero volvamos a 2021 y principios del 2022, donde el sueño parecía más lejano de lo que sería.

Reta es hermoso, cálido, con una playa interminable y única. Las aguas del mar son templadas y nos hospedamos cerca del túnel submedanal, un recorrido sorprendente, entrando con calor en ese conducto a través del médano y todo se llena de la fresca brisa del mar, saliendo a la playa, frente al sol y las olas marinas.

El sol, sale y se pone en el mar. Y nos propusimos verlo en ambas ocasiones ya que son maravillosos.

En el atardecer, que para mí es más sencillo, porque me gusta dormir a la mañana, suele haber más gente, esperando este momento, y a veces, la belleza embarga tanto al público, que se produce un aplauso espontáneo, como si fuera un show. Al amanecer, éramos pocos, nosotros y algunos jóvenes que creo pasaron la noche esperando, también es un espectáculo único.

Pasamos año nuevo en un bar, “Crustáceo Cascarudo”, donde, además de una cena riquísima, imperó la buena onda de todos y un sorteo sorpresa de premios en el cual ganamos el primer premio, que dicho sea de paso, fue muy gracioso porque Dome estaba filmando el momento.

Después conocimos Pehuén Có. Todavía estaba terminando la etapa COVID, tal es así, que una familia que se hospedó en una casita, junto a la nuestra, tuvo que irse porque contrajeron la enfermedad.

Llegamos un día en el que había llovido y, cuando llegamos a la playa, creo que nuestra cara se desfiguró, nos impactó negativamente en la comparación con la playa en la que habíamos estado, porque, debido a la tormenta, la marea estaba muy alta, la playa era pequeña y parecía sucia. Se ve que nuestras caras fueron “leídas”, de algún modo, por un vendedor ambulante, quien nos aconsejó una caminata para apreciar mejor la playa y la naturaleza rústica del lugar. ¡Pero qué buena idea tuvo! Lo que creímos sucio, no lo era, eran piedras bellísimas, de formas y tamaños muy diversos. La playa es muy extensa y con restos de caracoles y ostras, en algunas partes rotas o hechas polvo, por la fuerza de lad olas.

¡Qué decir! Así empezamos a conocer Pehuén, un lugar con mucha historia, con características  paleontológicas y arqueológicas que llevaron a Darwin a realizar sus investigaciones y visitas, durante sus exploraciones en territorio argentino.

Bosques, calidez, playa y rusticidad, hacen de este lugar, un hermoso destino, que recomiendo visitar y conocer.








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