Viaje 18: Unos días en un mar cordobés.
Como expliqué
anteriormente: pocos días, menos kilómetros. Entonces nos fuimos más cerca, a
Miramar de Ansenuza.
Al llegar, nos impresionó
su hermosa costanera ( al igual que un ratoncito que iba y venía por las veredas
y al que no podía quitarle la vista de encima) y la sensación real de estar
frente a un mar, ya que su laguna Mar Chiquita imita a la perfección el color y
el movimiento del mar, y, por otra parte, no se divisan costas.
Pero ese es sólo el
comienzo de este bello y tranquilo lugar, donde las puertas permanecen abiertas
y las bicicletas y motos sin candado.
Nadie debería perderse el
recorrido nocturno del Hotel Viena. Su historia es atrapante y deja librada a
la interpretación de los visitantes, los motivos de su existencia y las causas
de su abandono, a parte de las inundaciones de la laguna. Tuvo la independencia
de una pequeña ciudad y no utilizaron para su construcción a los habitantes de
esa ciudad, sino, solamente, de pueblos vecinos. Nos sorprendimos con sonidos y
movimientos un poco raros. Uno de los sustos, fue por un hecho real, ya que
cuando íbamos recorriendo una de las habitaciones, un gato gritó, saltó y salió
corriendo, en medio de la oscuridad y las luces de las linternas de los
visitantes. Pero el otro susto, creemos que fue natural también, pero no
tenemos precisión. Estábamos recorriendo una habitación y, mientras filmábamos
un videíto, haciéndonos un poco los chistosos, con un chirrido suave se abrió y
cerró la puerta de un mueble pequeño. Quisimos suponer, que habría una entrada
de aire…pero no estábamos seguros.
Las caminatas por las
ruinas que dejaron las diferentes inundaciones de la laguna nos impactaron
porque, aunque uno tenga fundamentaciones acerca del proceso que sufren tanto
las estructuras de las construcciones humanas como las de la naturaleza, lo que
ves, te deja una sensación de misterio, tanto en la zona cercana al Hotel Viena,
donde se divisan y uno puede imaginar calles, veredas, casas y un casino y
hotel majestuosos convertidos en restos intactos cubiertos de sal; como así
también, en la zona donde el camino lleva al Casino nuevo, en la otra punta de
la ciudad, donde la forma de los árboles, las imágenes de raíces al descubierto
y los colores, te transportan a un escenario de película.
Impacta que esta comunidad
se haya reconstruido y se haya embellecido, convirtiendo su paseo costanero en
un lugar que invita a recorrerlo y, por qué no, tomar un cafecito o una
cerveza, dependiendo de la hora y el clima, observando la tarde y el atardecer,
como si estarías frente al mar.
Obviamente, no puedo dejar
de nombrar nuestra incursión en el Barco Pirata. Es una gran oportunidad no
sólo para aprender más sobre la geología de la laguna, la caracterización de su
fauna y su historia, sino para jugar a ser piratas, sacarse unas lindas fotos y
simular ser Jack y Rose, como hicimos nosotros, con salvavidas (son
obligatorios), y sin caer al agua, por las dudas.





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