Viaje 19: La yunga jujeña nos atrapa, y para siempre. (primera parte)

 

Todos los viajes hasta el momento, los pensábamos, analizando los alrededores, chusmeábamos qué se podía conocer y cuánto costaban los hospedajes.

Pero, ya más influenciados por las redes, se comenzaron a despertar muchas curiosidades acerca de diferentes lugares que no tenían tanta difusión pero nos parecían interesantes.

Sobra decir que nos caracterizan las ganas de conocer, aventurarnos y divertirnos.

Por todo lo anterior, al pensar en ir al Noroeste, como ya conocíamos pero siempre te quedás con ganas de volver, empezamos a indagar sobre los lugares que no conocíamos. Cabe aclarar que, después de este viaje, igualmente íbamos a tener que volver, porque queda tanto por conocer, y otros lugares por repetir.

La yunga, era en ese entonces, un lugar no recorrido en viajes anteriores.

Desde este viaje, creo que cambió nuestra forma de planificación. Empezamos a calcular distancias y orden en el recorrido para aprovechar mejor y conocer más.

El primer lugar asombroso que conocimos fue el Angosto de Jaire, muy cerca de San Salvador de Jujuy; Lo habíamos visto en un reel y en Tik Tok y tuvimos que buscarlo en Google Maps, ya que, al consultarlo con algunos lugareños, ni ellos lo conocían.

Así, solos, nos adentramos en ese accidente geográfico de montaña, un angosto, un estrecho camino entre rocas enormes, donde la entrada de la luz solar era escasa, con humedad e hilos de agua que se iban abriendo y cerrando. Hay que ir con cuidado, no sólo por la oscuridad, sino porque hay muchos pasajes resbaladizos, por el agua y por los musgos. La vegetación es hermosa y, mirar hacia arriba, nos hace tomar conciencia de lo pequeñitos que somos. El recorrido no es exigente, pero la sensación de estar adentro de la montaña y rodeados de verde es emocionante. Hay momento que sentís que es de noche y la humedad te penetra los huesos y …al salir, te encontrás otra vez con el día luminoso gracias al sol jujeño que te envuelve con su tibieza.

Nos hospedamos en Libertador Gral. San Martín, muchos lo conocen por Ledesma, ya que al día siguiente saldríamos muy temprano hacia San Francisco, un pueblito que se encuentra a 1500 m de altura y donde íbamos a conocer las Termas de Jordán.

Esa noche salimos caminando del hospedaje para buscar un lugar para cenar. Justo salía un señor de la panadería, le preguntamos y nos dijo “vayan a mi comedor”, ja! Y allí fuimos a comer unas ricas empanadas.

Salimos tempranito hacia San Francisco, recorriendo un camino precioso, sinuoso, con muchas curvas, rodeado de vegetación, en pleno invierno. Es el camino por el que se ingresa al Parque Nacional Calilegua, la ruta provincia 83. A mitad de camino, Dome se dio cuenta de que, aunque hacía frío, la temperatura del auto debería haber subido, y no era así. Paramos y allí vimos que el agua del tanque rebalsaba, y se veía el humo. ¡Puf! Se imaginarán, sin señal, a mitad de un camino en ascenso, sin saber exactamente que pasaba. Sin embargo, Dome sabe bastante y pensó que no era peligroso seguir y ver luego, cómo solucionar el problema.






 

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