Viaje 19: La yunga jujeña nos atrapa, y para siempre. (segunda parte)
Al llegar a San Francisco,
fuimos a buscar a turismo un guía para ir a conocer las Termas de Jordán. Era
temprano, así que nos anotamos en una lista y, mientras compramos las
provisiones para la excursión que duraría entre 6 y 7 horas. Reservamos un
hospedaje para pasar la noche y volver al día siguiente a Libertador Gral. San
Martín para ver lo del auto. Ese problema nos impidió hacer el recorrido hasta
Humahuaca por el corredor 73-83, que pasa por Santa Ana y Valle Colorado, que
tendremos que hacer en otra oportunidad.
¡Qué aventura las Termas!
¡Qué caminata! Primero es en descenso, hay que ir muy despacio, afirmando bien
la pisada y con los bastones, como nos enseñó nuestro guía, Adam, un joven tranquilo
y simpático que nos acompañó y describió todo ese hermoso lugar.
Digo que había que ir con
precaución al descender porque el suelo es de una textura muy fina, producto de
la desintegración de rocas, y Dome, que es una “gacela”, se desmoronó en una
parte y se salvó de caer, ya que el terreno es muy en pendiente.
Yo, en cambio, padezco las
subidas, así que imaginarán, que ya en la bajada, pensaba en la subida. Encima,
al llegar a las termas, estuvimos relajadísimos, en el agua a temperatura media,
30 grados promedio, color celeste y rodeados por la yunga y las montañas. Luego,
almorzamos livianito hasta que Adam dijo “tenemos que volver”, “¿quieren que
volvamos por el mismo lugar por el que vinimos o por otro?”, “es un poco más
largo y complicado pero con vistas preciosas”. Pasaríamos por lugares que son
el lecho del Río Jordán, por los que se podía pasar en épocas secas, ya que
cuando llueve, a partir de noviembre o diciembre, el río ya trae sus aguas y se
cubre el lecho, haciendo desaparecer las
termas porque que las aguas corren con fuerzas y limpian el cuenco que ocupan las mismas durante el invierno. Y nosotros qué habremos hecho…Hicimos ese camino para el ascenso y ¡casi muero!
Todo lo que pudimos ver
era realmente maravilloso, piedras en forma de escaleras, anfiteatros
naturales, vegetación de múltiples colores, primando los otoñales, aunque estábamos
en invierno. Pero el terreno era muy empinado, lo que me obligaba a detenerme
muchas veces para tomar energías. Lo que siento es que me agito, es raro,
porque me recupero rápido, mi corazón está bien y mis piernas también, pero es un mal momento. Pensé
que no iba a llegar. Mucha gente baja caminando y sube a caballo, pero ya lo
acuerdan antes de realizar la excursión. Nuestro guía, Adam, me animaba y me
decía que iba bien, que el tiempo que estábamos llevando estaba bien. Así que
me calmé, me olvidé de los caballos, descansé todas las veces que lo necesité y
me terminé de relajar cuando llegamos a un lugar más alto, donde el declive del
terreno era más leve.
La experiencia fue muy
buena, ya que no sólo conocimos y nos sumergimos en las termas sino que, además,
pudimos hacerlo caminando, disfrutando del paisaje y de un rico salame con
queso cuando terminamos. ¡Gracias Adam por tu atención, calidez y paciencia!
Esa noche, recuperamos
energías en San Francisco, degustando un rico locro.
Les contaba anteriormente
que nos hubiera gustado ir a Humahuaca por el corredor de montaña que pasa por
Santa Ana, pero teníamos ese problema con el auto que teníamos que resolver
antes de proseguir con nuestro viaje.
Ya en Libertador Gral. San Martín, empezamos a suponer que tal vez el problema era ésto o aquello. Pasamos
por un negocio de venta de repuestos y compramos sólo la tapa original del
tanque de agua y agua para cargarlo, pero estábamos con dudas, por lo que el
dueño del negocio nos aconsejó que no llevemos nada más sin saber con
precisión cuál era el problema, y nos recomendó un mecánico para que vea el
auto.
Fuimos al taller y el
mecánico miró el auto y detectó que, efectivamente, no había otro problema que
el de la tapa, que parecía haberse falseado. Tan honesto, en un lugar tan
lejano y no quiso cobrar, “sólo la coca para los empleados”, le dijo a Dome.
Vale la pena ser solidario
y buena persona en esta vida. Aún pienso que hay más bondad, aunque el egoísmo
y la maldad tengan más prensa.
No quiero olvidarme de una
anécdota muy linda que nos ocurrió cuando volvíamos de San Francisco,
desandando el camino hacia San Martín, a la altura del Parque Calilegua, Ruta
provincial 83.
Era las 9 de la mañana y,
recorriendo lentamente ese camino serpenteante, con vistas a la selva de montaña,
de repente, se aparecieron dos hombre de la nada que nos solicitaban detenernos. Estábamos
sorprendidos pero paramos. Tenían ropa de trabajo. Nos pidieron si ;podíamos
llevar una bolsa de 7 u 8 kg de carne al campamento de vialidad que estaba unos
km más abajo, para que el cocinero pudiera hacerles la comida. Nos pareció
raro, pero divertido y además, teníamos que ayudarlos. En fin, así lo hicimos.
Fuimos al campamento y 😲 Dome sorprendió al cocinero entregándole la carne, que pareció que no esperaba.



Comentarios
Publicar un comentario