Viaje 21: Invierno en Madryn y el encuentro con las ballenas, (primera parte)
Ya para esta época,
estábamos convencidos de que queríamos ir a vivir a un pueblo junto al mar y,
nunca habíamos ido al mar en invierno.
El objetivo principal de
nuestro viaje era conocer a las ballenas que todos los años vienen a nuestro
mar del sur con sus crías o a parirlas, y a alimentarse para emigrar nuevamente
al comienzo del verano.
Armamos el viaje teniendo
en cuenta varios lugares. Esos que a veces menciono que “vamos a regresar”.
Así, volvimos a Sierra de
la Ventana, aunque nos alojamos en una ciudad cercana, llamada Tornquist.
Antes de llegar, hay un
ingreso imponente con columnas de piedras y rejas, al Parque Provincial Ernesto
Tornquist, que es la base del cerro Bahía Blanca. Allí nos detuvimos para
realizar una caminata por un sendero llamado Claroscuro, que es muy concurrido
y sencillo para hacer, pero es un hermoso paseo, observando la estepa de
pastizal serrano, arbustos y árboles típicos y adaptables a las características
de esta región.
Igualmente, si alguien
quisiera quedarse más días, hay otras opciones de senderismo que llevan muchas
horas y llegan a la cima.
Nos sorprendió que, antes
de llegar propiamente a la localidad de Sierra de la Ventana, se encuentra
Villa Ventana. Esta localidad es muy pequeña y pintoresca, Las calles tienen
nombre de pájaros de la zona y las vistas son bellísimas. En todo el paseo
céntrico predominan las construcciones de madera, hermosas artesanías y
variadas opciones gastronómicas. Nosotros, que siempre estamos de paso, nos
comimos unos sándwiches hechos con unos panes espectaculares, acompañados con
cafecitos, porque hacía mucho frío, y seguimos recorriendo. Después, fuimos a
conocer Sierra de la Ventana y, al regresar para cenar y dormir en Tornquist,
nos envolvió un atardecer con un cielo colmado de rosados y anaranjados.
De allí, nos dirigimos a
otro lugar que ya conocíamos y quisimos volver, inclusive, nos alojamos en el
mismo lugar, aunque había cambiado de dueños.
En El Cóndor, nos
hospedamos en el hotel del Casino, frente al mar. Recorrimos los alrededores,
donde pudimos divisar algunos lobos marinos. Hacía mucho frío y el viento nos
cortaba al medio, ¡ja! Pero eso no nos impidió que caminemos el sendero de La
Lobería Punta Bermeja y pasear por la Playa Bonita. Cenamos en el restaurante
del hotel y nos compramos unos licores caseros artesanales, que se realizan en
Río Negro, “Oso Viejo”, que no contienen conservantes ni colorantes y que eran
ricos y alentadores para el frescor invernal. Un detalle para contar: olvidé
dejar la llave de la habitación en el hotel y eso había que ver como lo
resolvíamos porque nos dimos cuenta a más de 120 km de recorrido.





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