Viaje 21: Invierno en Madryn y el encuentro con las ballenas.(segunda parte)

 

¡Ahora si! Rumbo a Madryn, para ver las ballenitas.

Como somos un poquito ansiosos, nos desviamos y fuimos directo a El Doradillo y el camino estaba lleno de vehículos y, desde el auto, ya podíamos divisara las magníficas ballenas. Dijo Dome que yo “me tiré “del auto, jaja, ni me acuerdo, pero puede ser. Es muy emocionante verlas y escucharlas tan cerca de la costa, diez metros aproximadamente. Me impactó el silencio de las personas que, como nosotros, contemplaban ese espectáculo único y maravilloso, donde las ballenas se asoman, saltan, se sumergen elevando sus colas, andan con sus crías y golpean sus aletas, que según dicen, tiene muchas explicaciones, desde lo social, comunicacional o de higiene, hasta la función de aturdir a peces de los cuales se alimentan. Hay momentos que da la sensación de estar presenciando un show que nos dan en forma intencional.

Cada vez que estoy frente a cosas como éstas, que son muchas veces, por suerte, no dejo de agradecer a la vida, que me da estas oportunidades únicas.

Puerto Madryn ofrece una variedad de hotelería y gastronomía importante, que se adecúa al bolsillo de cada cual. Además, con el sol invernal, se disfrutan su extensa costanera y playas. Hay poblaciones de aves variadas, lobos marinos, especialmente en el muelle y se pueden ver las ballenas que pasan, pero más lejos que en El Doradillo.

No pudimos realizar avistajes en las embarcaciones ya que nos tocaron días con mucho viento y algunos lluviosos, así que, ya se sabe, no va a quedar otra que regresar.

Cuando fuimos a la Península de Valdés, debido a las condiciones del tiempo que anteriormente mencionaba, los caminos estaban complicados para llegar a ciertos lugares que eran muy interesantes. En ese día pudimos visitar el Centro de Interpretación Istmo Carlos Ameghino y la Isla de los Pájaros. También llegamos a Puerto Pirámides, un pueblo que nos enamoró desde que íbamos llegando y nos arrepentimos de no habernos alojado allí, aunque sea una noche, por lo que les recomiendo que lo tengan en cuenta. Da la sensación de estar en un pueblo de una película de pescadores, con pequeños comercios que le dan calidez al lugar y vista de olas enormes y los famosos acantilados que le dan el nombre al pueblo.

Nos tomamos una tarde para conocer Gaiman. Es una localidad cercana y con mucha historia, caracterizada por su antigüedad y su historia, ya que fue el primer municipio de Chubut y la primera casa, a la que llaman Casa de Piedra, fue construida en 1874. Como los pobladores tienen ascendencia galesa, mantienen algunas de sus costumbres, en especial las gastronómicas que tienen que ver con el ritual del té y las tortas que provienen de Gales.

Es muy pintoresco, nosotros realizamos el recorrido del túnel del viejo ferrocarril y ascendimos en ese mismo lugar para tener una visión general del Gaiman, donde a través de un plano, se van indicando los lugares más significativos.

Al emprender el regreso se presentó la situación de que debíamos devolver la llave de la habitación del hotel de El Cóndor, pero ir allí, nos implicaba alargar más de 120 km nuestro recorrido. La señora no quería que le pagáramos una copia, quería la llave. En fin, terminamos acordando un pasamano, y le dejamos la llave en una oficina de la secretaría de turismo que estaba en el acceso a Las Grutas y San Antonio Oeste. Encima, aprovechamos para cargar combustible y cuando salimos la aguja marcaba medio tanque, volvimos a reclamar y el tanque rebalsaba, se había trabado la aguja del marcador. ¡Papelón!

Solucionado ese tema, comenzamos a cruzar La Pampa y nos detuvimos a pernotar en Santa Rosa, donde conseguimos un hotel y nos mandaron a entrar por su propio estacionamiento, que estaba a la vuelta y, por error, no lo vimos y fuimos a parar a un asilo de ancianos, que estaba justo al lado. Nos miraron asombrados, se dieron cuenta de nuestra confusión y nos indicaron el lugar correcto. La noche terminó con una super pizzanesa y cervecita. Flor de cierre.







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