Viaje 24: Muchos kilómetros entre montañas y cordilleras. (segunda parte)
¡Pero qué bellos
cumpleaños! Terminamos de celebrar el cumple de Dome y el comienzo del mío en
Chos Malal. Allí tuvimos un percance que nos acompañó gran parte del viaje, a
Dome le dejó de cargar el teléfono. Intentamos llevarlo a arreglar allí mismo, pero
el problema no era sencillo.
El día de mi cumpleaños,
comenzamos a viajar a Las Ovejas. Al llegar, consultamos en una oficina de
turismo, y la joven que nos atendió allí, a la que le contamos los lugares que
queríamos conocer, nos orientó para que, en lugar de hospedarnos en esa localidad,
nos dirijamos a Manzano Amargo, a 35 kilómetros, y todos los recorridos que
podíamos realizar desde allí. Me pasó el número de teléfono de Camila, quien representaba
a la secretaría de turismo en Manzano Amargo y ella podía orientarnos en cuanto
a los alojamientos posibles.
Como hay lugares, como
todos sabrán, en los que la señal telefónica es nula, ya que estábamos rodeados
por la cordillera, llamé antes de salir a Camila, quien prometió enviarme datos
por WhatsApp. El recorrido es por ripio y con unas vistas inolvidables, junto
al río Neuquén y los rebaños de ovejas que van desplazando los baqueanos.
Cuando llegamos al lugar,
después de un almuerzo de pan casero, salame, queso y cerezas, seguíamos sin
señal, pero descubrimos que, en una esquina, había Wifi y allí nos acercamos
para poder recibir todos los mensajes de Camila. Nunca la conocimos en persona,
pero todavía hoy, tengo guardado su número de teléfono y, a veces, nos mensajeamos,
ya que en sus estados muchas veces, promociona turísticamente su lugar y
siempre, siempre, quisiéramos volver. ¡Gracias Camila por tu atención y
calidez!
En Manzano Amargo, nos
alojamos en una hermosa cabaña. Durante nuestra primera tarde, pudimos explorar
los bosques de cercanía y la hermosa cascada La Fragua. Por suerte, como para
el próximo día teníamos armado un recorrido largo y allí no había muchos
comercios, compramos algo de provisiones para la noche del 31 y cocinamos una
tarta para llevarnos a la excursión.
Esa noche, cenamos en un
bar que quedaba enfrente, pocas personas, entre ellas, nuestros anfitriones,
los dueños de la cabaña, todos, en un patio hermoso, lleno de árboles y luces.
El día siguiente fue
abrumador. El recorrido lo planificamos en base a los consejos del dueño de la
cabaña, la información brindada en Las Ovejas, y todo lo que habíamos
registrado en las redes sociales. Cruzando un puente, pasamos por Varvarco, un
hermoso pueblo, y allí, casi todo el recorrido es por la cordillera y rondando
el Domuyo.
El primer lugar
espectacular al que accedimos, desviándonos del camino principal, pasando una
tranquera, fue la formación rocosa “Los Bolillos”. Es difícil explicar lo que uno ve y,
especialmente, lo que se siente, estando en medio de la inmensidad, en una
planicie rodeada por grandes montañas, picos nevados y rocas enormes con formas
sorprendentes. Además, al recorrer esos caminos, se van abriendo vistas, tanto
del camino como de los paisajes, que nos hacían sentir insignificantes.




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