Viaje 24: Muchos kilómetros entre montañas y cordilleras. (tercera parte)

 

Seguimos nuestro camino hacia las alturas, última parada Aguas Calientes, pasando siempre por el área Natural Protegida Domuyo. Nos pasamos de la entrada, ya que queríamos ver qué seguía y paramos creo, en el final del camino, donde había caídas de aguas muy calientes que salían de las piedras de las montañas y llegaban hasta un río. Después volvimos a la Villa de Aguas Calientes, para almorzar y bañarnos en las termas más frías, ya que las más calientes no se pueden soportar.

Cuando empezamos a bajar, buscábamos, anhelantes, los famosos géiseres, únicos en Argentina y que llaman “Los Tarros”. No fue fácil para nosotros ya que no hay señal para cargar rutas, las explicaciones fueron difíciles de interpretar, no hay gente para consultar por el camino y tampoco cartelería.

En fin, siguiendo el instinto e hilando un poco la lógica de las indicaciones recibidas, especialmente por la tenacidad de Dome, tomamos un desvío hacia un lugar donde había un cartel con 3 letras y que, después de la expedición, nos dimos cuenta de que la palabra completa era SENDERO.

Allí paramos, nos asomamos y vimos el río y un pequeño sendero por la ladera de la montaña, muy angosto, que Dome decidió que bajaríamos, como última medida, para ver si encontrábamos los géiseres.

Él iba primero, para explorar, y yo, 100 metros después. Casi corría en busca del encuentro con esas maravillas naturales. Tal es así que “derrapó y aterrizó”, porque era todo de un polvo seco, pero bastante inestable y resbaloso. Yo no alcancé a verlo porque el camino es ondulado, sin embargo, vi un poco de polvareda, y por suerte no se fue para abajo porque allí estaba el río lleno de rocas y muy torrentoso.

Pero ¿saben qué? ¡Sí! Llegamos a los géiseres y eran asombrosos. Había que cruzar el río a través de un pequeño puente de palos, maderas y sogas y allí estaban, Los Tachos hirvientes del Domuyo. Después de esa alegría, no nos costó tanto volver a subir el sendero cubriéndonos de un terrible viento cargado de polvillo. “¿Será que lo que cuesta vale?” 🤭

Cuando regresamos de esta excursión, recordemos que ya era 31 de diciembre y teníamos que prepararnos para el recibimiento del nuevo año, y al otro día, ya nos íbamos del hermoso Manzano Amargo.

Nuestra cena fue muy tranquila, con lo que habíamos conseguido el día anterior: ravioles con crema. Pero para brindar y postres teníamos, ya que siempre llevamos nuestras provisiones, por las dudas, ¿vieron?

Y a las 12, nos fuimos a la esquina del WI-FI  para hacer videollamadas con algunos de nuestros familiares.






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