Viaje 24: Muchos kilómetros entre montañas y cordilleras. (cuarta parte)

 

Emprendimos nuestro camino hacia Caviahue, en busca de un camping que habíamos visto en internet pero, que al llegar, descubrimos que aún no estaba instalado. Mientras pensábamos y buscábamos para alojarnos, seguimos hasta Copahue, donde nos encontramos con un paisaje que nunca imaginamos. Había picos nevados muy cercanos y las fumarolas del Volcán Copahue, que está activo por lo que se han abierto pozos en muchos lugares, donde se advierte el barro hirviente de las aguas termales, ricas en azufre.

Hay señales para abandonar y evacuar el pueblo en caso de erupción, casas que debieron abandonarse debido a esos fenómenos y gente caminando por calles y veredas envueltos en batas blancas ya que vienen de sus baños y tratamientos con las aguas termales a las que les atribuyen importantes propiedades curativas.

Según nos contaron, se intentó hacer una obra de calefacción aprovechando el vapor del volcán pero tuvo inconvenientes que afectaron la transitabilidad.

Debo decir que me impresionó mucho lo que observé y sentí en el lugar. Si bien es hermoso, porque es parte de la naturaleza, da una sensación de inestabilidad y un poco de temor pensar que, en cualquier momento, pueden abrirse otros pozos y fumarolas e, inclusive, la erupción del volcán que no sólo emitiría cenizas sino también, movimientos sísmicos.

Volviendo a Caviahue, buscamos hospedaje y, aunque eran más de las 19 horas, estaba muy claro todavía. El dueño del alojamiento nos recomendó que hiciéramos una caminata dentro del pueblo, para descubrir la Laguna Escondida. Nos explicó que recién oscurecería a las 22 horas.

El recorrido nos llevó 40 minutos siempre en ascenso entre rocas y una vegetación preciosa, cargada de variados colores. Al llegar a la cima, no sólo nos sorprendió la belleza de la Laguna, sino también de todo Caviahue, caracterizado por sus casas prolijas, sus techos a dos aguas perfectos, sus calles colmadas de flores multicolores y, de fondo, el Río y la Laguna del Agrio. Maravilloso.

Esa noche, cenamos cerca de las 23 horas una picada gourmet con todos escabeches y fiambres con sabores propios de la zona.

Al día siguiente conocimos el extraordinario Salto del Río Agrio. A veces, uno cree que las fotos y videos que vio, están “retocados" pero, al estar frente a ese lugar, te das cuenta de que no. Es así, maravilloso, el color anaranjado, el agua, el 🌈  que se forma cuando las gotas salpican en esa caída asombrosa. Vale la pena, tener paciencia en el recorrido, ante los diversos rebaños que van acompañando, de unos campos a otros, los baqueanos, ya que hay mucha demora, especialmente para nosotros, que somos un poco tímidos y respetuosos de esos momentos pero, que descubrimos que, en realidad, hay que ir haciéndose lugar lentamente, y los rebaños se acomodan al pasar de los vehículos. Siempre hay algún conductor más atrevido que te hace notarlo.

También, el Río Agrio, origina otras cascadas que pueden disfrutarse en un parque por el que, además, podés matear o almorzar, obviamente, llevando tu comida, ya que no hay proveedurías ni restaurantes en el lugar.



 


 

 



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