Viaje 24: Muchos kilómetros entre montañas y cordilleras. (octava parte)

 

Bordeando el Parque Nacional Los Alerces pasamos, primeramente, por el Lago Epuyén. Allí, además de conocer el lago y el pueblo, íbamos a pasar a saludar a unos amigos que se habían mudado a Epuyén en el año 2019. Sin señal, no podíamos ver las indicaciones que enviaba mi amiga, no llegaban mensajes y, en lugar de intentar llamar, decidimos sorprenderla, preguntando, con pocos datos, cómo encontrarlos.

Viven en un lugar paradisíaco, rodeados de una cadena montañosa enorme, junto a un río en el cual se pescan truchas, y con un hermoso jardín. Como nuestro viaje continuaba hasta Esquel, sólo saludamos, charlamos un rato y partimos, para almorzar en un pueblo llamado Cholila.

Cuando a veces digo “paramos a almorzar”, me refiero la mayoría de las veces a provisiones que llevamos, como fiambre, frutos secos, frutas.

Esquel es una ciudad más grande que los lugares por donde anduvimos. Una vez que nos hospedamos, luego de hacer un alta como turistas ya que, el estacionamiento es medido pero, siendo turistas, no se cobra, podemos estacionar gratuitamente durante toda la estadía, debíamos solucionar dos problemas que habíamos tenido durante una gran parte del viaje. Uno, que no sé si recordarán, era que, en Chos Malal, Dome se había quedado sin celular. El otro, era que, yendo hacia Villa Pehuenia, se había roto una manguera que iba al tanque de agua y que Dome había emparchado con pegamento.

Así que, compramos un celular nuevo y, aprovechando una oferta, llevamos dos, y cambié el mío. También compramos un tanque nuevo que Dome cambió, él mismo, afuera del hotel donde nos alojamos.

Dicho esto, ahora, a lo bueno.

A la mañana nos fuimos a la estación de trenes para hacer el recorrido con La Trochita. No había pasajes pero, si regresábamos una media hora antes de que salga, posiblemente faltaran algunos pasajeros y podríamos aprovechar y ocupar esos lugares.  Si no, ya comprábamos los pasajes para el día siguiente.

Tuvimos suerte y pudimos subir a La Trochita ese día y fue hermoso.

Todo el recorrido es en ascenso y con vistas majestuosas del valle, de Esquel, de Los Alerces, de la fauna autóctona y de las suaves curvas que va tomando ese tren histórico, de trocha angosta que te hace vivir  un viaje a través del tiempo, acompañados por la narrativa de la guía y la música en vivo de un artista de la comunidad de Nahuel Pan, que es el lugar hacia donde nos dirigíamos y, La Trochita, daba la vuelta para regresar, luego, a Esquel.

Nahuel Pan ofrece la oportunidad de conocer cómo se conformó esa comunidad mapuche-tehuelche y de probar comidas de paso y artesanías.

A la vuelta, fuimos a la cafetería de La Trochita y alcanzamos a comer el último roll de canela.

Les cuento que conocimos Trevelín, pero como era enero, los hermosos campos de tulipanes no estaban florecidos ya que su época de florecimiento es octubre y principios de noviembre. Entonces...tendremos que regresar, no queda otra.

Igualmente, pasamos la tarde en un bonito lugar, donde se asciende a un lugar donde disfrutamos de las Cascadas Nant y Fall.

 




 


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