Viaje 25: Catamarca y sus bellezas únicas. (primera parte)
Tratamos de armar este
viaje con las mismas expectativas que los anteriores: conocer la mayor cantidad
de lugares posibles en Catamarca, sin pasar por San Fernando del Valle, ya que
lo habíamos recorrido en un viaje anterior.
Nuestra primera parada
técnica, de camino a Fiambalá, fue un almuerzo en la ruta, en “Don Checho”, una
parrilla que ofrecía especialidades al asador y al horno de barro, donde te
reciben con una empanada de cortesía.
Luego, pasamos la noche en
Tinogasta, en una habitación dentro de una casa, con nuestro baño, una
modalidad que no habíamos probado nunca.
De allí, nos dirigimos a
Fiambalá, en un precioso día, brillante, con el cielo muy celeste. Nos alojamos
frente a la plaza, pero antes de buscar ese lugar, fuimos a sacar las entradas
para ir a Las Termas. Nos dio mucha curiosidad ir a la noche, así que sacamos
las entradas y aprovechamos la tarde para conocer las dunas.
Primero, pasamos por la
Duna Mágica, en Saujil, donde nos recibieron unos hermosos viñedos y mucha gente
que subían a la duna de Saujil y se deslizaban hacia abajo en sus tablas.
Nosotros subimos y, desde esa altura, las vistas eran bellísimas.
No muchos siguieron hacia
adelante en el camino, al menos en esa ocasión que fuimos nosotros, para
conocer las siguientes dunas.
Así llegamos a las Dunas
de Tatón, que son más bajas pero enormes y que se presentan en forma de
ondulaciones, que recuerdan, de algún modo, al desierto.
En nuestro regreso,
paramos a almorzar en Medanitos y luego ¡a las termas!
Cuando a la noche fuimos a
las termas hacía 2 grados de temperatura, y si bien nos encantó ir en ese
horario, nos queda pendiente ir de día para apreciar el paisaje circundante. Increíblemente,
esas aguas calientes que bajan de la montaña y van llenando las piletas
rústicas hechas de piedra, van descendiendo grados, de los 52 hasta los 32
grados aproximadamente, aunque en la cima, el agua llega a los 75 grados de
temperatura. ¡Tremendo!
Nos aconsejaron empezar en
la pileta con agua a 37 grados e ir subiendo de a poco. Hacía mucho frío y
había que ver cómo nos adaptábamos a la temperatura del agua.
Llegamos hasta la pileta con
42 grados de temperatura, pero Dome no se sentía bien, le faltaba el aire en
todas las superiores a 38 grados. Así que optamos por quedarnos más tiempo en
la pileta con dicha temperatura.
Cuando nos íbamos de las
termas, encontramos un simpático zorrito tomando agua por allí.


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