Viaje 26: ¡Viva los novios!

 

Y si… ¡éste sí que fue un viaje! 🙂 Nos casamos. 😉

Sí, el 8 de noviembre íbamos a cumplir 9 años desde que nos encontramos por primera vez, allá por el 2015, debajo del Puente Rosario-Victoria.

Decidimos dar ese paso, una formalidad para algunos, quizás, un nuevo compromiso para nosotros.

Y para dicha ocasión, queríamos compartir nuestra felicidad con familiares y amigos.

Había que pensar en todo porque, como ya se sabe, el dinero no abunda (🙂) y eso te obliga a planificar mejor.

Así fue como decidimos casarnos el mismo 8 de noviembre y almorzar en un hermoso lugar, que se llama “Los Dos Puentes”, en Andino.

Pero nos quedaban, en especial a mí, mucha gente querida que no podíamos participar en el almuerzo.

Entonces, decidimos que, luego del almuerzo, tanto para los que estaban en él como para aquellos amigos que no, desde las 17 hs., los reuniríamos en el patio de casa.

Armamos como rincones con sillas, reposeras y hasta tachos de 20 litros, porque no alcanzaban los asientos. Picaditas de fiambres y quesos, sándwiches, pizzas y mesa dulce con diferentes toras, muffins y golosinas.

Además, una barra de bebidas de autoservicio, para servirse algunos tragos, aperitivos y cervezas.

Tuvimos la suerte de que nos tocó un día precioso, con sol y brisa fresca, suficiente para que sea perfecto.

La verdad es que no creo que pueda haber salido mejor. Fue justo lo que queríamos: música, luces, charlas, risas y reencuentros descontracturados. Parecía que todos se hubieran conocido de antes y no era así.

Nosotros hicimos todo: ambientamos, cocinamos (menos el almuerzo, obvio) hasta la torta de casamiento, adornamos el salón y el patio de casa.

Nuestro día empezó a las 7 hs. y terminamos a las 3.30 hs.

Nos tomamos el sábado para acomodar todo y el domingo partimos hacia la Villa de Merlo a disfrutar nuestra Luna de Miel.

Íbamos a una cabaña con pileta y justo hizo mucho calor. Pero, igualmente, además de pileta, asadito y champagne un día, luego salimos a buscar las hermosas aguas naturales que ofrece el lugar.

Nos habían dejado en la heladera un champagne como atención.

Nunca habíamos aprovechado el calor en Merlo, por lo tanto, exploramos lugares ya conocidos, pero con el fin de refrescarnos.

Descubrimos los piletones naturales de Cabeza de Indio, por Pasos Malos, uno de los días. Pero al otro día, también por ese camino, accedimos, más arriba, a las aguas de vertientes a las que se llega subiendo un sendero sencillo.

También pudimos bañarnos en el río, en el Camino del Filo.

Un lugar nuevo, para nosotros, fue el Dique Pisco Yacu, en Cortaderas, alimentado por el arroyo Sepultura.

Es muy bello, especialmente el arroyo, al que llegamos descendiendo detrás del dique y pasamos la tarde, observando con respeto a los sapos, que también aprovechaban la frescura del arroyo. Aguas cristalinas, la Sierra de los Comechingones, mates, ¿qué más se puede pedir?

Pasamos una hermosa semana donde, en ocasiones, nos visitaban los zorritos, que paseaban por el patio, en busca de alimentos y haciendo travesuras. Ellos forman parte de todo ese paisaje puntano.

A manera de anécdota graciosa, les cuento que nos habían regalado un día y medio en un hotel lujoso, en el Casino de Rosario, el último fin de semana de ese mes. Como ya se imaginarán, más que “secos”, estábamos “crocantes”, diría Dome, y encima, se rompió el Palio. Tuvimos que ir con el auto de Dome, un Siena viejito, con GNC. Podíamos ingresar a partir de las 15 hs. Teníamos incluidos: espumante de bienvenida, cena, desayuno, pileta y spa. Qué podía fallar.

Llevábamos el equipo de mate y bizcochitos, porque había que llegar sin gastar hasta la cena.

Cuando llegamos, estacionamos entre Audis, Mercedes y otros chiches, y Dome pasó a nafta el Siena, no vaya a ser que se “le venga hacia atrás “al valet. 😂

Al instalarnos en la habitación, solicitamos las batas, que estaban también en el paquete, y nos llamaron por teléfono a la habitación para decirnos que faltaba pagar la mitad. ¿¡Quéeeeeeeeeeeeee!? Dome empezó a llamar a su familia, que eran quienes nos habían regalado esa experiencia, “Yo de acá no me voy”, le dije, con la bata puesta 😂.

Resulta que era un error del hotel, estaba todo arreglado, y ellos extraviaron la información. Nosotros nunca nos aburrimos.

Lo demás, todo disfrute y diversión, como ya se imaginarán.









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