Viaje 28: Un camino hacia la luz, en las alturas de Colomé.(primera parte)

 

Primero, debo contar como nació este viaje.

Ante la posibilidad de que, hacia fin de año, nos podríamos mudar a Pehuén Có, porque ¡siiii!, me jubilé 😁, queríamos realizar un viaje hacia el norte argentino, que siempre nos encanta.

Tampoco queríamos hacer un viaje tan largo, pero…bueno, ya algo se habrán cuenta de que a veces improvisamos.

En un principio, nuestro destino era Tucumán y Tafí del Valle.

Siempre hacemos un tanteo inicial, para ver precios de alojamientos, lugares para conocer y distancias.

Dome llamó y vio que los precios eran accesibles, pero ¿dónde llamó? A Cafayate.

“Pero amor, Cafayate está Salta”, “Ahhh…y dónde íbamos”, 🤣 ja. “No sé, querés que vayamos a Cafayate”.

En fin, reproduje un poco de nuestra charla para que ustedes puedan imaginar cómo nos fuimos organizando.

Resulta que las dos veces que fuimos a Cafayate, fue de paso, y estaría bueno que podamos pernotar allí. Entonces, ahí se le ocurre a Dome pensar a qué distancia estábamos de Cachi, otro lugar que sólo conocimos de pasada.

Bueno, cambió un poco el destino del viaje.

En esos momentos yo me pregunté acerca de donde quedaría el “Museo de la luz “de James Turrell, un lugar encantador y único en el mundo, que mi hermano había visitado años atrás y al que me entusiasmaba conocer.

Resultó ser que, a mitad de camino entre Cafayate y Cachi, se desviaba para llegar a Colomé, el lugar donde se encontraba el Museo.

Comencé a investigar sobre este lugar, me contacté por WhatsApp y me fueron orientando a cerca de distancias, tiempos y reservas.  Porque claro, aunque los km a veces no son muchos, al ser sobre ruta 40, enteramente de ripio por ese sector, se demora más. Además, recuerden que andamos en un Fiat Palio.

Había dos opciones para visitar el museo. Una, era ir y hacer la visita guiada e irnos. La otra era la “experiencia Colomé”, que consistía en alojarnos en el lugar, hacer una cata de vinos, ya que Colomé es una bodega, la visita guiada por el Museo Turrell, un aperitivo, cena de tres pasos y desayuno. Por otro lado, los huéspedes tenían la ventaja de ver una última obra en el Museo, que los visitantes no podían.

La verdad, en un principio, no habíamos considerado ese gasto extra, pero después de meditarlo por 24 hs., decidimos que valía la pena, ya que es un lugar único, no sabíamos cuándo podríamos volver y, aunque Turrel tiene obras en otros lugares del mundo, éste era el único museo dedicado totalmente a él.

¡Listo! Reservada la “experiencia Colomé”.

Así que, con todas las expectativas a flor de piel, emprendimos nuestro viaje.

Primera parada: almuerzo en San Pedro de Guasayán, las mejores albóndigas con arroz frito antes de cruzar la ruta de Tucumán a Cafayate.

Comenzamos a recorrer esa hermosa ruta de curvas pronunciadas y vistas selváticas, siempre verdes, abismos y el recorrido del río. Aunque ya lo habíamos recorrido, no deja de sorprendernos la ruta 307 y, cada vez que pasamos, nos tomamos un café en el Café de la Curva, de cara al río Sali, por la Quebrada de los Sosa.







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