Viaje 29: Concretar sueños también exige renuncias (primera parte)
No les cuento nada
nuevo cuando digo que, al fin, llegó el
momento de irnos al mar, nuestro sueño, un poco más mío que de Dome, tal vez,
porque no sé si lo dije, el ama las montañas.
Las cosas se fueron dando
de tal modo, la jubilación anticipada, el contacto en Pehuén Có, el vencimiento
del contrato de alquiler de nuestra casa actual en septiembre, que el viaje se
precipitó, y para el primero de noviembre, ya podíamos ocupar la casita en
Pehuén.
Todo muy lindo y soñado,
pero una mudanza de este tipo, a 1000 kilómetros, a una casita pequeña, ya
amueblada al estilo “para vacaciones”, implica desarmar una casa en la que
vivimos hace seis años y medio, sumamente cómoda y llena de muebles,
ornamentaciones, vajillas y otras cosas preciosas de la que la fuimos poblando,
trayendo cosas de nuestros múltiples viajes.
Tenemos una colección,
además, de tazas, platos, teteras y otros utensilios que atesoramos para instalar
una casita de té.
Otra mención especial
merece las cantidades de calzados y vestimenta que tengo, ya que soy una fanática
de los colores, las combinaciones y los cambios permanentes de ropa. Pero claro,
mucho usaba para ir a trabajar, ya que, al tener dos trabajos, a veces debía
cambiarme, ya que a la tarde siempre hace más calor. Muchos de mis calzados son
con taco, pero ahora, que cambié repentinamente todas mis rutinas, ya no los uso,
y menos los usaré en un pueblo de mar, donde las calles son de arena.
Primer paso, deshacerme de
toda esa ropa, calzado y carteras. Bolsones de ropa que fui regalando a
diversas personas y lugares. Otros pocos zapatos los guardé en la casa de mi
suegra, quién sabe para qué, pero bueno, ya volveremos sobre esta idea.
Después había qué pensar
qué haríamos con los muebles y con las herramientas de Dome, que tiene
muchísimas, así como yo zapatos, 🙂.
Algunos, guardamos de mi
suegra, pero otros, era imposible, por su tamaño, especialmente. Entonces
empezó la feria de ofertas para vender todo lo que se pudiera aprecios, obviamente,
inexistentes.
Y acá vuelvo sobre la idea
de “lo que se guarda”, “lo que se descarta”, “lo que se vende”. Porque se
produce, en el interior, un debate acerca de qué, de por qué, de para qué, y el
famoso “y si después se necesita”. ¿Qué pasará mañana? Alguien, ¿sabe qué
pasará mañana?
En este momento, los
sentimientos se mezclan con sensaciones de pérdidas, renuncias, sueños, anhelos
y tal vez, alguna utopía. Porque, ¿qué necesitamos para ser felices? ¿Qué
necesitamos para vivir?
Supongo que todos debemos
tener nuestro tiempo de introspección en busca de respuestas. Esa situación,
nos hace sentir permanentemente momentos de alegría, de planeamiento, de
incertidumbre, de melancolía, de nostalgia.
Es que es justamente esta elección
lo que nos permitirá hacer lo que sigue.




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