Un poco de Pehuén Có, nuevo hogar.
Estamos viviendo, por el
momento, por un año, de noviembre a noviembre, en el Balneario Pehuén-Có, al
sur de la provincia de Buenos Aires.
Esta localidad, depende, administrativamente
hablando, del distrito de Coronel Rosales, cuya sede municipal es en la ciudad
de Punta Alta.
Las ciudades más cercanas
son Punta Alta y Bahía Blanca, ambas a 80 km aproximadamente.
Hemos ido numerosas veces
a las dos ciudades y no lo disfrutamos como para decir que nos gustaron, ya
que, en todas las oportunidades, fue para hacer trámites y mandados y, después
de vivir en la villa, entre árboles y mar, nos pesan el pavimento, las bocinas,
los semáforos y los estacionamientos medidos.
Porque Pehuén no sólo es
mar y playas interminables. Aquí hay diferentes riquezas que merecen ser
descriptas y vividas.
Nuestra casita es muy
particular ya que, para entrar a la cocina comedor, tenés que bajar 8 escalones
importantes, equivalentes a un metro y medio, y para ir a las habitaciones y el
baño, tenés que subir a un altillo 7 escalones, contados desde la vereda, o
sumados a los 8, desde el comedor. Arriba hay un pequeño balcón, abajo un
patiecito con un chulengo. El comedor está separado de la cocina por una
pequeña pared/divisoria y, ¡atención!, unos pocos escalones hacia la mesada y
hacia el patio. En fin, subir y bajar escalones es un desafío cotidiano.
En el patio hay
enredaderas, papiros y flores violetas. Nosotros sumamos, dos plantas de
tomates, una de lavanda, un romero, una menta, una albahaca y un nácar, bellísimo.
Vivimos a una cuadra y
media de la bajada Brown, donde hay un bar y varios puestos de venta muy
coloridos. Además de está bajada a la playa, hay muchas otras, según el lugar
donde vivas o te alojes o prefieras descender. Algunas, son a través de los
médanos, otras con escaleras y pasarelas.
La playa de Pehuén Có es
rústica, ya que está protegida como reserva natural y no se modifica su aspecto
como tal vez en otras playas. Por eso, según las mareas, los vientos y las condiciones
climáticas, la playa va variando, dejando sectores donde las piedras se
descubren y oras veces quedan cubiertas. También pueden formarse bolsones que,
al bajar la marea, parecen pequeñas piletas. De igual manera, siempre quedan espacios
de playa muy lisas y que permiten sumergirse hasta largas distancias.
Hay días en los que quedan
elevaciones de arena, ostras y caracoles. Las ostras, en ocasiones, se van
pulverizando hasta formar arena. Y eso, es hermoso.
En sólo 4 meses, hemos
visto la playa cambiada varias veces y somos grandes caminadores, en la playa y
en el pueblo. Tal es así, que nos hemos propuesto ir caminando por la reserva
desde Pehuén hasta Monte Hermoso. Son aproximadamente 27 km por la playa y tenemos
que salir cuando la marea esté en bajante (2 hs antes). Por ese camino, Darwin
hizo el descubrimiento de huellas cuaternarias, en base a los restos óseos
encontrados de megafauna extinta como los megaterios, mastodontes,
gliptodontes, entre otros, que frecuentemente, se destapan en la costa por las
sudestadas. La idea sería llegar a Monte Hermoso, quedarnos a dormir, y volver
al día siguiente. Eso, veremos si sale y cómo sale.
Pero como les decía anteriormente,
Pehuén Có no es sólo playas. Es un bosque. Todo el pueblo es un bosque. Cada
calle es una sorpresa. En primer lugar, según por dónde andamos, todavía nos
perdemos, ya que aquí, de poco sirve saber de paralelas y perpendiculares, porque
el formato de las calles es irregular y hacen curvas imperceptibles e inesperadas.
La vegetación es de lo más variada: pinos de todo tipo, eucaliptos, enredaderas,
sauces, aloes, frutales, malvones, madreselvas, glicinas, miramelindas, lavandas,
romeros, nomeolvides, Don Diego de Noche y otras que no conozco, pero son muchas.
La calle Brown es por
donde están los comercios céntricos y los gastronómicos. De 19,30 en adelante,
esas cuadras principales, se convierten en peatonal en temporada veraniega. Hay
espectáculos a la gorra, un centro cultural que maneja la Sociedad de Fomento y
que ofrece algunos espectáculos y disciplinas que allí se desarrollan. Se
organizan eventos gratuitos de música, sostenidos por el gobierno provincial,
municipal y con la colaboración de los comerciantes, para incentivar el
turismo.
Hay un paseo de artesanos.
Por otra parte, a tres
cuadras del centro, está la Plaza Carrasco, que ofrece carritos con comidas y
bebidas, inflables, juegos de plaza, réplicas de la megafauna autóctona, puestos
de venta artesanal y, en ocasiones, música en vivo, show y cine bajo las estrellas
para los niños.
Para el 1 de enero, se
hizo una fantástica fiesta en la playa, donde se escuchó música y bailó hasta
el amanecer y estuvo llena de personas de todas las edades, que llevaban
sillones, heladeritas y toda la buena onda.
Cada día que pasa nos
gusta más el lugar que elegimos para vivir esta aventura que, por ahora, es disfrutar
cada día del verano, recibir a nuestros seres queridos que ya han venido a
conocerlo, y ver cómo nos proyectamos para vivir los tiempos que vienen, que
seguramente, serán más tranquilos y solitarios, sin la gente que pasa por aquí
para pasar el verano. Este sábado termina febrero a pura murga y carnaval y,
después veremos.
Vemos que buscamos para
hacer, qué descubrimos de esta etapa, si vamos a seguir aquí otro año o no.
Tiempos de reflexión, aprendizajes, vivencias y acción.





Comentarios
Publicar un comentario